Cuando era pequeña, ¡me alegraba tanto sentir cuentos con música una y otra vez! Me introducía más en la historia, me hacía vivirla, me ensimismaba. No fue hasta los once años que empecé a tocar el piano y se abrió entonces la puerta definitiva de mi mundo interior. Escuchar a mi profesor tocar la obra de Chopin, por ejemplo, y empezar a llorar, a sonreír, a soñar, a viajar nota a nota, armonía a armonía. ¿Cómo explicar todo eso? Es una conexión tan inmediata que me conducía a un lugar donde me sucedían muchas cosas por dentro. Era sentir al amor hablándote.
Pasaba horas y horas al piano como si fueran minutos en un placer constante de explorar y explorar nuevas obras sin tregua. Pero empezaron a llegar lesiones, imposibilidades, expectativas confusas, comparaciones, juicios…en fin, todo un discurso de interferencias que se interponían en esa experiencia tan virgen, amorosa y placentera.
Estudiar piano de manera profesional no es un camino fácil, sobre todo para discernir tu esencia sin perderte en esa multitud de creencias desafortunadas sobre el artista y los patrones de inseguridad, escaso reconocimiento, perfeccionismo y sobresfuerzo que rasgaban con fuerza. Suerte que siempre me acompañaba un buen libro de poemas y mi imaginación para disfrutar de esas obras musicales en las que escribía palabras y versos entre los pentagramas.

Estudiar musicología fue para mi la puerta para aprender a explicar eso que me pasaba por dentro. La conexión con la historia, con la literatura, con la filosofía, con el cine y con todas las artes me reconectaba con esa experiencia genuina de infancia. Estudié muchísimo, conocía muchos estilos y prácticas y escribía sobre ello. Pero entendía que no podía llegar a comunicar ese mundo sutil a través de un texto académico. Yo quería transmitirlo y llevar a otros a experimentarlo.
Un día me pidieron acompañar un recital poético y se me iluminó el mundo otra vez. Mis ideas para encajar texto y música fluían. Entendí que tenía que hacer más de eso…pero de una forma que yo no encontraba en nadie. Nunca había escuchado a nadie tocar y recitar a la vez o ver recitar a alguien acompañado de una música encontrada a medida para el poema.
Muchas personas me ponían en alerta: es difícil, no se entiende, hay que tener buena voz, no se puede hacer a la vez…pero me atreví.
Y cuanto más me conocía a mi misma, más terapia y meditación, más sombras y luces, más crisis y catarsis, esa voz se expresaba en mi como un servicio, una manera de aportar luz a los demás.
Esto era tan abstracto que me asustaba. ¿Cómo vivir en esto? Y entendí que había que dar esa riqueza a los demás. Esa que se desparrama y que llena de vida por dentro. Así nació este proyecto de marca personal con espectáculos y talleres de música y poesía: una vía para ayudar a los demás a sentir la belleza dentro de sí mismos, una vía para no perderse en la confusión y encontrar esencia.
Descubre el poder curativo del arte y la música con María del Mar Poyatos. Talleres únicos que fusionan poesía y bienestar para tu crecimiento personal.